Las competencias directivas son comportamientos habituales y observables que posibilitan el éxito en el desempeño de la función directiva. Estos comportamientos pueden medirse, puesto que son observables, y pueden desarrollarse, porque se trata de hábitos.
La mejora de las competencias directivas se alcanza mediante un conocimiento más profundo de la propia manera de dirigir, y mediante la modificación de comportamientos y formas de actuación no eficaces.
El coaching es una de las herramientas más efectivas para facilitar el desarrollo de las competencias directivas y del liderazgo de las personas en la organización.
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